¿Qué es el Yin Yoga?

Yin Yoga es una práctica de yoga lenta y restaurativa, considerada relativamente moderna y donde la mayoría de las asanas o posturas se realizan en el suelo y se mantienen durante un período de tiempo prolongado (entre cinco y diez minutos), con lo que se consigue un mayor nivel de presencia y aceptación (mindfulness), estiramiento fascial (tejido profundo), y como resultado de ello, una mayor sensación de relajación y calma mental.

Su término procede de la raíz o principio “Yin”, que en Medicina Tradicional China hace referencia a nuestra energía femenina, pasiva y receptora.

A diferencia de otras prácticas más Yang, muy populares a día de hoy, como el Ashtanga Yoga, Hatha-Vinyasa, Power Yoga, Rocket Yoga, etc…el propósito del Yin Yoga es precisamente el “dejar de hacer” para empezar a “sentir y ser”.

El Yin Yoga se siente, no se hace

El verdadero desafío del Yin Yoga consiste en escuchar, sentir y soltar. Escuchar la respiración y el silencio, sentir el cuerpo y sus sensaciones internas y soltar la expectativa, el logro y el deseo por llegar a algún lugar.

Con el mantenimiento de las posturas característico del Yin yoga, en el que la gravedad actúa sobre el cuerpo, los estiramientos llegan hasta las capas más profundas del organismo, movilizando el tejido conectivo de los ligamentos y las articulaciones, trabajando en los canales energéticos de los meridianos  y sistema sanguíneo; provocando una mayor consciencia de nuestro estado físico, mental y emocional y, desbloqueando partes de nosotros a las que no tendríamos acceso con una práctica más dinámica o yang.

¿Para qué sirve el Yin Yoga?

El Yin Yoga, como todos los estilos de Yoga, sirve para buscar el equilibrio dentro de nosotros y además, te ayuda a desbloquear tu cuerpo físico, mental y emocional.

Como cada práctica, el Yin Yoga sirve cuando encaja con el momento vital en el que estás y con la energía que predomina dentro de ti. Como cualquier otra disciplina que fomente la salud y el bienestar, su objetivo es la búsqueda de balance y equilibrio.

Así que, por ejemplo, si estás en un momento en el que te encuentras más bajo de ánimo, triste, pasivo, sin fuerzas y con pocas ganas de moverte, el Yin Yoga sólo te servirá para prolongar ese estado físico y mental en el que estás. Quizá primero te convendrá realizar alguna práctica más dinámica para equilibrar tu energía y, posteriormente, tomarte unos minutos de relajación final para aquietar tu respiración y tu sistema nervioso.

Y, si por el contrario, tu zona de confort es la rapidez, la proactividad y el constante movimiento; una práctica de Yin Yoga te ayudará a calmar tu sistema nervioso y a entrar en un estado de equilibrio.

Sal de tu zona de confort y explora nuevas oportunidades

No te sorprendas si sientes que lo que más necesitas es justamente lo que menos te apetece practicar, pues a casi todos los seres humanos nos gusta sentirnos en nuestra zona de confort (Sí, hasta cuando practicamos yoga).

La búsqueda y la práctica del equilibrio implica aceptar las dos caras de la moneda: nuestra parte más yin (pasiva) y nuestra parte más yan (activa). Y, dependiendo de con qué sientas una mayor identificación, aceptar lo opuesto requiere de paciencia, escucha y compasión.

Por eso, lo más importante en cualquier tipo de práctica de Yoga es que te escuches a ti mismo y te preguntes qué necesitas equilibrar en tu interior.

“Las sensaciones físicas son el lenguaje que utiliza tu cuerpo para ponerse en contacto contigo”

Marta Quintela

Uno de los grandes beneficios del Yin Yoga es la oportunidad de poder experimentar mucho más, no sólo las sensaciones físicas, sino también las emocionales. Demasiadas veces, tratamos de controlar y de controlarnos; evitando mostrar nuestras emociones por el miedo a parecer débiles. El Yin Yoga es una invitación a sostener y a soltar, a respirar y a aflojar cualquier tipo de tensión que haya dentro de ti en forma de risa, llanto, rabia, etc.

Al ser un tipo de Yoga Restaurativo, no sólo sirve para ganar elasticidad física de una forma pasiva con el mantenimiento sostenido de las asanas, sino que es una forma de meditación y de vuelta “a casa”, que te invita a observar tu quietud o inquietud interior.

Durante la práctica, es fundamental saber que nunca debes sentir “dolor”. No obstante, sí es normal experimentar una cierta incomodidad al comenzar a practicar este tipo de yoga (puesto que las posturas se mantienen durante más tiempo). Por ello, es importante que respires en las posturas, llevando el prana (energía) hacia la zona que estás trabajando y que salgas de ellas cuando esa “incomodidad” empiece a sentirse como “dolor”. 

Aprende a distinguir entre incomodidad y dolor

En el Yin Yoga es frecuente sentir una cierta incomodidad, pues en nuestro día a día no dedicamos apenas tiempo a parar, respirar y ser. Todo lo contrario, estamos cada vez más centrados en el hacer.

Por eso, durante la práctica, cuando te sientas incómodo en esa quietud o algo te moleste, antes de “taparlo” o escaparte de él, prueba a observarlo con la mente, a aceptarlo con la respiración, a sostenerlo en la postura y, finalmente a soltarlo con la exhalación.

Sólo cuando aceptamos que la incomodidad es parte de la vida y que en nosotros está el no transformarla en dolor y sufrimiento, empezamos a vivir de una forma más consciente, responsable y auténtica.

¿Para quién es el Yin Yoga?

El Yin Yoga es para todos. No importa tu condición física, flexibilidad, edad ni sexo, el Yin Yoga, es una herramienta de autoconocimiento y desarrollo personal que va más allá de tu práctica en la esterilla.

Tú eres tu mejor maestro y tu mejor medicina y sabes mejor que nadie desde tu propia experiencia si puedes o no realizar esta práctica.

¿Cuáles son los beneficios del Yin Yoga?

El Yin Yoga es una práctica segura que fomenta el respeto y la aceptación por la anatomía y el estado físico y mental de cada practicante, y se puede realizar a cualquier edad y en prácticamente cualquier condición física; pues las asanas se adaptan a cada persona con el uso de bloques, mantas, y otros soportes.

Incrementa la flexibilidad de forma pasiva y consciente. Y, cuanto más flexible es tu cuerpo, más flexible es también tu mente.

Relaja el sistema nervioso central al trabajar la quietud y la calma en las posturas. Es una opción muy interesante para contrarrestar el estilo de vida activo y dinámico, y el complemento perfecto para la práctica de otros estilos de yoga activos (yang) o deportes de gran actividad, así como los momentos de cansancio y/o estrés.

Trabaja sobre las fascias (tejido interno), movilizándolas con delicadeza mientras explora un amplio rango de movimiento hacia espacios más amplios de los habituales que te aportarán gran apertura corporal, mental y emocional, así como bienestar general.

Favorece la movilización del Prana o energía vital del cuerpo de modo que repercute positivamente en nuestro organismo, órganos y tejidos.

Es una práctica regeneradora; las posturas se realizan sobre el suelo con el mínimo esfuerzo muscular, lo que ofrece la oportunidad de relajar tensiones, aflojar y abrirse a la experiencia del “ahora”.

Mejora tu autoestima al conectarte con tu verdadera esencia (atman) y con tu quietud y silencio interior.

Te permite cultivar la gratitud y el respeto hacia tu cuerpo. Al estar más tiempo en las posturas puedes escuchar y sintonizarte con tu funcionamiento interno.

–  Te ayuda a meditar después la práctica. Al cultivar la escucha interior, tu energía se adaptará más fácilmente a la meditación. 

Incrementa la concentración y la conciencia corporal.

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