Guía Práctica para desbloquear las emociones y descubrir tu poder autosanador

La sabiduría del cuerpo

¿Cómo funciona nuestro organismo?

Tus fuerzas naturales, las que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades.

Hipócrates

Nuestro cuerpo humano, al igual que el de otros mamíferos, está creado para la expresión y satisfacción de sus necesidades. Es por ello que, a lo largo del día, nos organizamos para ir cubriendo nuestras necesidades básicas y lo hacemos a través del cuerpo: cuando estamos sedientos, bebemos y cuando sentimos hambre, comemos.

Hasta aquí todo es relativamente fácil, intuitivo y automático.

Pero, ¿en qué medida escuchamos al cuerpo y atendemos sus necesidades emocionales?

El cuerpo somatiza lo que no expresamos

Cuando bloqueamos nuestras emociones y no las expresamos o movemos a través del cuerpo, nuestro organismo somatiza esa energía en forma de bloqueos musculares, afectando al resto del funcionamiento de nuestro organismo.

Por lo tanto, desde mi visión integrativa del ser humano y por experiencia propia, un dolor de estómago no es sólo un dolor de estómago, sino una manifestación de algo más profundo. Ya sea por alguna tensión en otra parte del cuerpo, por alguna emoción bloqueada, alguna creencia limitante o algo que no se haya digerido -mentalmente- en el pasado.

Una visión psicosomática del ser humano

Cuando empezamos a observarnos como parte de un gran engranaje en el que interactúan mente, cuerpo y emociones; nos damos cuenta de que todo lo que ocurre dentro de nosotros está íntimamente relacionado, y lo que nos sucede en el cuerpo es producto de cómo estamos pensando y sintiendo.

Como Terapeuta holística, entiendo la salud como un estado de equilibrio natural entre los distintos aspectos del ser humano y por ello, quiero hacer especial hincapié en el sentir, en la importancia de la auto observación diaria:

-¿Cómo siento mi cuerpo hoy?

-¿Qué emoción siento?

-¿En qué lugar lo siento?

-¿Qué relación tiene esa sensación con lo que me está pasando en mi vida?

Nuestro estado natural es sentirnos sanos, con energía y vitalidad. Pero para que podamos mantenernos la mayor parte del tiempo en ese estado de salud -independientemente de los factores externos- debemos vivir despiertos y con la curiosidad de mirarnos cada día, observando sin juicio lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos.

Cuál es el origen de nuestro malestar

Cada persona es un mundo y, por tanto, el origen de nuestro malestar físico, mental y emocional puede estar ocasionado por múltiples factores.

Desde mi experiencia personal y como terapeuta, observo en los alumnos y pacientes cómo el origen de la mayor parte de nuestros desequilibrios de salud se remontan a la infancia, a los distintos patrones de conducta y hábitos que hemos ido adoptando por miedo o vergüenza a lo largo de los años, y que nos limitan a la hora de expresar nuestra verdadera identidad.

Esta máscara o coraza que vamos creando para protegernos de lo que percibimos como una amenaza -ya sea una situación, opinión, persona o grupo- se manifiesta en forma de tensiones localizadas en distintas partes del cuerpo que quedan sensorialmente inhibidas para la percepción y expresión de algunas emociones y, por lo tanto, para su expresión muscular.

Cuando no satisfacemos nuestras necesidades generamos una gran tensión en nuestro organismo, paralizando el flujo natural de la energía que somos y conduciendo al cuerpo a un estado de tensión, dolor, angustia y malestar.

El cuerpo es nuestro mejor espejo

La visión psicosomática contempla el cuerpo como un reflejo de todo lo que somos y la forma en que vivimos, y eso nos abre un gran portal para poner solución a nuestras patologías antes de que éstas terminen provocándonos sorpresas desagradables.

Nuestra postura corporal es un claro indicador de cómo estamos viviendo nuestra vida.

Veamos un ejemplo práctico. Personas que acuden a terapia con el pecho muy hundido y los hombros caídos y adelantados, suelen tener una gran necesidad de contacto emocional afectivo. A medida que van desvelando sus vivencias, éstas siguen un patrón similar: situaciones de abandono, dificultad para establecer relaciones profundas, vergüenza, negación o miedo a destacar.

Son personas que, por lo general, han vivido mucha necesidad y que, al conectar con ésta, la reprimen invirtiendo muscularmente su energía con la finalidad de protegerse de un posible rechazo. Esa postura, a medida que se va repitiendo como un patrón crónico, va generando más miedo e inseguridad en el propio organismo y la tensión generada da lugar a una insensibilización de la zona de brazos, hombros y pecho ante los estímulos afectivos.

A nivel corporal, esas creencias mentales se manifiestan en un gradual hundimiento y endurecimiento de la zona del pecho, llevando a una pérdida de flexibilidad, reduciendo la amplitud respiratoria y generando una pérdida de energía y fuerza vital.

Cómo restaurar nuestra salud

Para recuperar nuestra energía vital, es necesario “volver a casa”. Desaprender lo que hemos ido integrando como propio (creencias, patrones de conducta, posturas corporales, etc) para emprender el viaje de vuelta a nuestra esencia, a nuestro equilibrio físico y emocional.

Toda enfermedad corporal es un intento de curar una enfermedad espiritual.

Alejandro Jodorowsky

Cualquier vivencia, gesto o palabra que tuvo el suficiente impacto emocional como para condicionar nuestra mente, queda registrado en el cuerpo como una sensación traumática que hemos vivido. Y eso se traslada a la memoria de nuestros músculos, órganos y células.

Por eso, cuando volvemos a experimentar situaciones similares que nuestro cuerpo asocia a vivencias pasadas, las molestias y dolores se manifiestan de nuevo en nuestro organismo. De ahí, la importancia de aprender a aceptar las emociones, transitarlas y soltarlas para liberarnos de ellas.

Libera tus emociones para transformarlas

Nuestras emociones son energía en movimiento y esa energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Sin embargo, si no encuentran una liberación asertiva como hablar, llorar, poner límites, alejarse, acercarse, crear, moverse o liberar rabia, buscarán un espacio donde alojarse en el cuerpo.

Moviliza las emociones a través del cuerpo

Los bloqueos corporales son los lugares donde nuestra energía queda frenada y, en lugar de expresarse y liberarse, se inhibe. Son las zonas del cuerpo que nos generan malestar y que, dependiendo del patrón de conducta de la persona, se manifiestan en unos lugares u otros.

El Yoga, al igual que otras disciplinas que integran el movimiento, la atención y la respiración consciente, es una disciplina que facilita la liberación de los bloqueos emocionales a través de las distintas asanas o posturas que movilizan las zonas acorazadas o bloqueadas, haciendo que afloren emociones profundas, contribuyendo a la liberación del cuerpo físico, mental y emocional.

Reconocer las emociones y trabajarlas

Todos tenemos el poder de sanarnos y transformarnos en nuestra mejor versión.  

Tras varios años de autopráctica conmigo misma en los que he combinado las herramientas del Yoga, el Mindfulness y el autoconocimiento o Coaching para restaurar mi salud y recuperar la energía vital, mi propósito es acompañar, guiar o inspirar a todo aquel que quiera mirar hacia adentro para así poder vivir de una forma más consciente, sana y auténtica.

El primer paso es reconocer qué le ocurre a nuestro cuerpo.

El segundo paso, aceptar el malestar que nos está generando y observarlo al detalle.

El tercer paso, preguntarnos desde la curiosidad y la investigación personal -y no desde la crítica o la culpa- cuál podría ser la causa, la creencia o el pensamiento que origina dicho malestar.

Cómo el Yoga, el Mindfulness y el Coaching pueden ayudarnos a sanar el cuerpo

Tanto el Yoga como el Coaching son dos herramientas que nos conducen a un estado de presencia y atención donde somos conscientes de cuáles son nuestros pensamientos, como nos hacen sentir y cómo reaccionamos ante ellos.

El Yoga nos permite parar, reconectar con nuestra esencia a través del silencio, de la respiración en movimiento y de la atención plena en cada sesión. Cada postura moviliza nuestra energía bajando la atención de la mente al cuerpo para que podamos identificar cuáles son nuestras reacciones mentales y emocionales en los distintos movimientos.

Cuando respiramos conscientemente movilizamos nuestra energía y las emociones se desbloquean, permitiéndonos llegar al inconsciente donde están nuestras creencias, haciendo que podamos identificarlas y percibirlas con mayor claridad.

El Coaching, basado en el lenguaje y en cómo éste crea nuestros pensamientos, nos permite poner nombre a lo que sentimos, ayudándonos a entender cuál es el origen de esos sentimientos para poder aceptarlos, sanarlos y trascenderlos.

Gracias a la combinación de ambas, nuestra mirada se va transformando en la de un testigo u observador donde somos capaces de discernir entre lo que es real y lo que son los juicios que generan sufrimiento. Y así, poco a poco, nos convertimos en arquitectos de nuestra propia mente, transformando lo que ésta percibe como obstáculos en oportunidades.

Lo que no se verbaliza, se somatiza. Lo que se reprime, se amontona.

Reconocer tus miedos, vergüenzas y cargas pasadas es el primer paso para liberarlas y convertirte en un agente de consciencia y bienestar.

Marta Quintela

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FUENTES

“The body keeps the score: Mind, Brain and body in the Transformation of Trauma” Bessel van der Kolk

“¡Tómate un respiro! Mindfulness” Dr. Mario Alonso Puig

Curso de Yoga para Trauma. Fundación RADIKA

La Vía del Cuerpo Idan Hojman

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